Desde mi más tierna infancia, me apodaron "cabezón", por eso tal vez me identifico tanto con un espermatozoide. La cuestión es que ando navegando por este líquido amniótico esperando el instante de que me paran, o de nacer. Seguramente no habrán periodistas frente al portal de este blog. No es porque no tenga la sangre azul, que a veces, hay reflejos de luz sobre mi sangre que así lo parece, sino más bien porque no creo en la monarquía. Y en lo que no se cree, deja de existir.
En fin, que ya estoy aquí, que he nacido, que ya he sido. He nacido solo, de parto natural. Después de tanto nadar a la deriva, esta isla me vendrá bien para naufragar mis penas, mis deseos, mis vergüenzas. Lo malo es que he nacido bastante mayor. Dicen que si son nueve meses... pero ya se encargó Einstein especular sobre el valor del tiempo, para invertir en bonos, un tanto relativos...
Como cualquier neonato, me quedan muchísimas cosas por aprender... a escribir. Así que espero recibir la visita de tanto que, como yo, necesiten inyectarse en vena alguna dosis de palabras para poder incubar textos que contengan nuestra genética. Así que mis dedos y yo os damos la bienvenida a este rincón escueto.
Gracias por vuestra ayuda para existir... AU